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Cada año, por estas fechas, el naranja del cempasúchil toma mercados, calles y panteones. Sin embargo, esta flor, nativa de México, también tiene una vida fuera de las ofrendas: en China se ha convertido en materia prima para una industria que aprovecha sus pigmentos naturales.
En México, la producción comercial se concentra en las semanas previas al 1 y 2 de noviembre. Se vende como flor fresca, en ramo o en planta, y termina en hogares, altares y panteones.
China, en cambio, desarrolló un modelo industrial que procesa la flor para extraer sustancias que se usan en los sectores alimentario, cosmético y farmacéutico, así como para dar color al alimento de animales y de la acuicultura. Por eso la planta se aprovecha durante todo el año, y no solo en temporada.

Según Forbes, la empresa Guangzhou Leader Bio-Technology produce cempasúchil deshidratado a una escala que supera la producción mexicana de ese tipo de producto, con ventas anuales estimadas en 500 millones de dólares. En su sitio oficial, la compañía se presenta como fabricante de pigmentos para alimento de aves de corral y organismos acuáticos. El académico de la UNAM José Luis Sánchez Millán, citado por la misma publicación, atribuye el crecimiento de esta industria, en parte, al uso de ingeniería genética.
Para dimensionarlo: en octubre de 2024, el Consejo Mexicano de la Flor calculó una derrama de 350 millones de pesos para los productores nacionales. Pero son mercados y productos distintos, así que no es una comparación directa.
¿Cómo distinguir un cempasúchil mexicano de uno chino?
No hay una regla definitiva, porque la variedad, el clima y el suelo cambian el aspecto de la planta. Como referencia, las flores descritas como chinas suelen tener cabezuelas más pequeñas, textura firme y un naranja más uniforme. En México pueden verse flores más grandes y tonos que van del amarillo al naranja, incluso con matices rojizos. El aroma intenso se asocia al cempasúchil tradicional mexicano, aunque depende de la variedad.

Y en Michoacán, ¿qué?
Michoacán también tiene lugar en esta historia. De acuerdo con la Sader, el estado ocupa el primer lugar nacional en producción medida en manojos, con 182.7 mil, por delante del Estado de México (177.6 mil), Puebla y la Ciudad de México. En toneladas, aporta el 7.5 por ciento del cempasúchil nacional, y Tarímbaro y Copándaro son sus principales productores.
Uno de esos campos está en El Colegio, Tarímbaro, a unos minutos de Morelia. Ahí, 60 productores de 25 ejidatarios esperan cosechar este año 60 mil manojos para la Feria de la Flor y el Día de Muertos, aunque las lluvias recientes afectaron algunos plantíos.

Una flor con historia
Su nombre viene del náhuatl cempohualxochitl, que suele traducirse como “flor de veinte pétalos”. Se asocia al sol y es uno de los símbolos centrales del Día de Muertos. México tiene 35 especies nativas, y su producción comercial se concentra, entre otras entidades, en Puebla, Morelos, Oaxaca, Michoacán y la Ciudad de México.
Por eso, hablar de que el cempasúchil chino “sustituye” al mexicano simplifica el tema: en México, y en campos michoacanos como los de Tarímbaro, la flor sigue ligada a la tradición y al comercio de temporada; en China, a su transformación industrial. La flor es la misma, pero su valor depende de lo que cada país hace con ella.
