
STAFF/@michangoonga
En un indignante caso de crueldad y negligencia animal, colectivos de activistas, rescatistas independientes y vecinos lograron poner a salvo a un perrito que subsistía en condiciones críticas de abandono en la azotea de un domicilio particular ubicado en la colonia Villa Universidad de la capital michoacana.
La intervención ciudadana se originó tras múltiples reportes que alertaban sobre un canino expuesto permanentemente a la intemperie, sin resguardo y sin acceso visible a agua o alimento.
El rescate no estuvo exento de tensiones. A través de videos captados por los presentes, quedó documentada la confrontación con una mujer habitante del inmueble, quien inicialmente se mostró a la defensiva y molesta, argumentando que «no eran las formas» de tocar a su puerta. Negándose en un principio a entregar al animal para que recibiera atención humana, la mujer intentó deslindarse de la situación asegurando que el perro no era suyo, sino de su sobrino de 20 años, quien supuestamente «se asustó» por la presencia de los activistas y quien claramente no se hacía responsable del bienestar del ejemplar.

Una vez que los rescatistas lograron salvaguardar al perrito, fue trasladado de urgencia a una clínica veterinaria, donde el equipo médico confirmó la gravedad de la situación.
Debido a la severa negligencia y falta de higiene, los veterinarios tuvieron que retirarle la totalidad de su pelaje, revelando un cuadro de salud deplorable: el perrito presentaba múltiples llagas y una infestación de gusanos (miasis) en su cuerpo. Aunado a esto, el reporte médico detalló que el perrito tiene los dientes podridos y su visión se encuentra casi nulificada, evidenciando meses o años de nulo tacto y cuidado humano.
El caso también generó un fuerte reclamo hacia las autoridades de procuración de justicia. Las activistas expresaron su profunda inconformidad con el personal de la Fiscalía General del Estado (FGE), denunciando que el proceso legal para asegurar al perrito se vio gravemente retrasado.

De acuerdo con las activistas, el primer dictamen pericial emitido por las autoridades determinó que «no existían elementos suficientes» para acreditar el maltrato animal, una conclusión incomprensible frente a la cruda evidencia física del perro. Ante esta omisión, los rescatistas han exigido que se abra una investigación formal para sancionar a los responsables del abandono.
Actualmente, el perrito se encuentra internado recibiendo atención médica especializada. Su pronóstico es reservado, mientras los especialistas le realizan estudios exhaustivos con la esperanza de estabilizar su frágil estado de salud, acompañado de cerca por los activistas que lucharon por darle una segunda oportunidad.
