Loca…sional: ¡Ya estamos en febrero! ¿Y los propósitos de año nuevo?

¿A qué le tiras cuando sueñas mexicano?
¡Deja el tesoro que Cuauhtémoc fue a enterrar!
¿Cuántos centavos se te escapan de la mano,
buscando un taxi que jamás ha de llegar?
Chava Flores.
Escribe: Luz Rosío Morelos
La euforia del año nuevo es un extraño fenómeno que se repite invariablemente cada vuelta al Sol. Y entonces nos da por pensar que mágicamente podemos hacer un “borrón y cuenta nueva”, y olvidar las cosas que echamos a perder en el año fenecido. Nos auto engañamos con la ilusión del año ganado, y soñamos que por fin vamos a cambiar en serio, y nos da por hacer listas, no siempre muy realistas, de lo que vamos a conseguir “ahora sí”.

Uno de los propósitos más recurrentes de principios de año, es volver a estar “en forma”, ya que los que estamos más “labregones” sabemos, que a parte de que el tiempo “no hace más que hurtarnos privilegios” (como diría una canción), en el momento que dejamos la infancia y juventud, dejamos de crecer hacia arriba y empezamos a crecer hacia los lados; A veces de manera abrupta, a veces paulatinamente, (un kilito por año). Es ahí donde cobra sentido adoptar una alimentación más saludable (propósito que tomamos en serio después de la rosca de reyes, y que muchos abandonamos el día de la candelaria, con el festín de los tamales). Además, enlistarse en el gimnasio parece una buena idea, y de paso aprovechar las ofertas para pagar por adelantado varios meses, para no “flaquear”, (paradójicamente), y que nos duela la inversión económica si queremos rendirnos. Lo cierto es que a veces aun así fallamos, pero es ahí donde empezamos a poner los pretextos de toda la vida con los que nos encanta justificarnos: “es que tengo mucho trabajo”, “es que no es el momento”, “es que me ch#$% la rodilla”, etc.
Otro propósito es hacer más dinero, y eso se traduce en encontrar ¡por fin! una buena chamba, o echarle ganas “al jale”, con todo y que eso implique dejar de hacer “San Lunes”. Parece una maravillosa idea, y entonces nos levantamos temprano, tenemos bien listo el currículum, nos arreglamos con ropa más apropiada, le invertimos a nuestras herramientas de trabajo, etc. Empezamos con todo el impulso y echamos “toda la carne al asador”, pero basta con saber que una entrevista de trabajo es al otro lado de la ciudad, para empezar a dudar si es buena idea ir hasta allá, cuando no hay seguridad de que nos den el trabajo; basta una buena fiesta para desvelarse y ponerse “hasta las chanclas” y quedarle mal a un cliente al día siguiente; basta una discusión con la prenda amada o la familia, para justificar no estar haciendo bien el trabajo.

El amor es otro asunto serio que nos da por querer arreglar, y entonces aprovechamos para dejar ahora sí y para siempre a la persona “innombrable”. O bien, si no hemos conseguido una relación estable, nos aprendemos al derecho y al revés todo ese discurso de saber identificar las “red flags” (que por su puesto no aplican para nosotros, porque somos los buenos de la película) y nos plantamos con la firme convicción de elegir muy bien antes de lanzarnos a los brazos de la primera persona que nos hable “bonito”. Y aunque todo eso suena excelente en teoría, la realidad es que una vez que llega la primavera y se siente esa calidez en el ambiente, la soledad abrumadora nos alcanza y a veces es inevitable “volver a tropezar con la misma piedra”, o aferrarse a lo primero que venga, (a veces, incluso, una cosa no excluye a la otra). Después de eso, ya solo habrá pretextos para justificar las decisiones que juramos no volver a tomar.

Independientemente de si podremos o no felicitarnos al final del año por haber cumplido las promesas que nos hicimos a nosotros mismos este 2026, vale la pena seguir soñando con ser mejores versiones de nosotros mismos y tomarnos un momento para reflexionar en la flexibilidad que tenemos de poder incidir en nuestros propios hábitos y manera de vivir la rutina; quizás convenga aceptar que no necesariamente tenemos que hacer cambios medibles cada cierre de año, (el ritmo de cada quien es diferente), ni tampoco tenemos que ser perfectos, (los tropiezos bien pueden ser parte de ese camino hasta que la lección quede bien aprendida). A veces, son las pequeñas cosas que hacemos todos los días, las que nos van conduciendo poco a poco hasta un panorama diferente; pero eso sí, tendremos que levantarnos con la convicción del cambio, no solo en la víspera del año nuevo, sino todos los días.
Luz Rosío Morelos. Egresada de letras, distraída de oficio.

