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Relatos de noches sin luna: El bosque

Escribe Héctor Medina

La oscuridad y quietud de un bosque lleno de vegetacion parecía llenar de entusiasmo a siete viejos amigos quienes se preparaban para una aventura que prometía estar llena de buenos recuerdos.

El lugar, alejado de la civilización, prometía ser un refugio perfecto para desconectarse de la rutina diaria y relajarse un poco más.

Los frondosos árboles, el olor a pino y el rumor del viento entre las hojas creaban un ambiente mágico, el cual había incentivado el viaje y aunque también había rumores de osos y gatos salvajes que merodeaban por la zona, parecía ser una amenaza poco seria para aquellos aventureros.

El primer día transcurrió sin incidentes. Los amigos disfrutaron del paisaje, se bañaron en un arroyo cercano y se reunieron alrededor de la fogata para compartir historias terroríficas donde las risas se desbordaron por la falsedad de estas. Sin embargo, al caer la noche, comenzaron a escuchar ruidos extraños que brotaban desde lo más profundo del bosque.

Al principio, pensaron que serían animales nocturnos, pero la intensidad y la frecuencia de los sonidos los hicieron sentir incómodos.

A la mañana siguiente, la realidad golpeó con fuerza a cada uno de ellos. Una de los amigos, Isabel, había desaparecido. Su tienda de campaña estaba vacía, y no había señales de lucha, ni huellas que indicaran lo que en realidad había pasado. El miedo comenzó a apoderarse del grupo.

A medida que pasaban las noches, las desapariciones continuaron. Cada mañana, alguno de ellos faltaba, sin dejar rastro. Los amigos decidieron hacer guardias nocturnas, pero parecía imposible mantenerse despiertos y alertas. La tensión y el miedo se apoderaron de los sobrevivientes.

La penúltima noche, solo quedaban dos amigos, Fabián y Rita. Se sentaron cerca de la fogata, temblando de miedo, mientras escuchaban gritos de terror provenientes de la profundidad del bosque. Intentaron contactar al guardabosques desde el primer dia, pero no respondía a sus llamadas. Los neumáticos de su vehículo habían sido ponchadas durante la primer noche, lo que les impidió escapar inmediatamente de aquel lugar sin cobertura satelital.

Finalmente, al amanecer del séptimo día, llegó el guardabosques, pues tenía un reporte de siete adolescentes perdidos.

Encontró la fogata aún cálida, sangre y unas bolsas rosas.

La sangre habia dibujado un macabro camino que se perdía a la orilla de un árbol, donde un brazo colgaba de una de las ramas principales. El reporte oficial diría que fue un oso, pero la realidad era mucho más siniestra.

Siete años después, mientras construían un lujoso club deportivo en las cercanías del bosque, los obreros encontraron seis cuerpos en estado pútrido dentro de bolsas rosas. La investigación reveló que los cuerpos pertenecían a los amigos que habían desaparecido.

Muchas preguntas quedaron sin respuesta: ¿qué pasó con el séptimo amigo? todos los cuerpos se encontraban completos ¿cómo explicar entonces la parte humana encontrada en aquel árbol? ¿Quién era realmente el asesino?

Desde aquel horroroso descubrimiento una luz roja ronda por entre los árboles cercana la media noche, donde puede observarse una figura alta y delgada, de cuello cuervo vagando hasta el alba, cómo cuidando la sepultura de aquellos infortunados…

El bosque sigue siendo un lugar misterioso y peligroso, donde la naturaleza y la oscuridad parecen tener secretos que no deben ser descubiertos.

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