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#Morelia El Víacrucis De Don Gabriel En Viernes Santo: 4PM Y No He Vendido Nada..!

Las otras víctimas -indirectas- a las que ya está trastocando Coronavirus, los más desprotegidos

STAFF/ Elly Castillo -@ellycastillo

Son las 4 de la tarde de este Viernes Santo del 2020, el sol cae a plomo, es un día bastante caluroso en la capital michoacana, y don Gabriel tiene la mirada perdida en el horizonte de cantera rosa que le ofrece el Acueducto, sentado en la bancada de piedra de la calzada de San Diego, la cual luce semivacía, igual que el resto de la ciudad, cuyos habitantes en gran medida, van aprendiendo a quedarse en casa ante la amenaza pandémica del COVID -19.

Pero esas son malas noticias, muy malas, para don Gabriel, cuyo rostro luce una incertidumbre total “¿y ahora que voy a hacer?” (para subsistir, para sobrevivir, se entiende de inmediato al escuchar su tono de voz, totalmente  “agüitado” como se dice en Morelia cuando alguien anda cabizbajo, al tiempo que su carrito de paletas se mantiene inmóvil, ya han andado mucho, sin éxito alguno.  

No lleva ni 20 pesos de venta. Ahorita sólo vende paletas de hielo. De sabores de crema o naturales. “He tenido que dejar producto, no se está vendiendo mucho”, dice con resignación a menara de condena. El Coronavirus lo está sentenciando a pasar días extremadamente difíciles, sin todavía ser una de sus víctimas directas.

“Esta cosa (del virus) nos va a matar de hambre, de eso nos va a matar”, dice un poco molesto, pero no mucho, pesan más las diversas preocupaciones que tiene que resolver, este hombre que no sabe bien ya cuántos años tiene, por lo que al preguntarle hace un recuento usando sus dedos, calcula con los dedos, 64 ..o 67, una de esas dos cantidades.

Y es que, para don Gabriel, quien es oriundo de Queréndaro, un pueblito ubicado a unos 15 minutos de Morelia,  hay problemas urgentes que resolver, y que tienen a su mente atribulada. Su casero “se puso pedo, le agarró la loquera y me cerró con llave y no puedo entrar a mi casa”, dice, y confiesa que tiene que dormir en la calle por esta situación. Amén de los 500 pesos de renta que debe pagar por el cuarto al que llama casa y que está por el rumbo de La Aldea, al oriente de la capital michoacana, desde donde todos los días se desplaza para recoger su carrito de paletas en frente de la gasolinera Poza Rica, y de ahí, a buscar ganarse el sustento.

Este viernes lo empezó a las 11am. Y 5 horas después, la venta era sólo de 20 pesos. Calcula pararle a las 6:30pm, ese suele ser su horario habitual. Don Gabriel gana un 30% de lo que vende. Es decir, si tiene una venta de 150 pesos, le dan 50. La pura subsistencia. No tiene ni recibe apoyo de algún gobierno “estoy sólo”, remata, también para hacer mención que nadie depende de él, porque apenas puede con sí mismo.

“¿Y ahora qué voy a hacer?” pregunta al aire, “no sé cómo  le vamos a hacer”, se autorresponde ahora en plural al tiempo que emite un ligero suspiro, y se dispone a ofrecer sus paletas, muy ricas por cierto, particularmente la de piñón y la de fresas con crema. Mucho mejores que las de marcas comerciales. 

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