Ya Se Robaron Mi Carro …¿Sigue Algo Más? ||By @ellycastillo
By @ellycastillo
En Morelia a muchos nos han robado la tranquilidad en los últimos años, en los últimos meses, en los últimos días. Esta madrugada de viernes a mí me robaron mi coche. Un Tsuru verde metálico 2002. Bien madreado por cierto.
Eso no justifica hacer una columna “periodística” para lamentarlo y lanzar reproches naturales contra las autoridades, (a final de cuentas, un auto más de los tantos robados a diario) porque como ya dije “a muchos” habitantes de la capital michoacana nos han robado la tranquilidad en todos los sentidos:

En menos de 10 meses he padecido el fallecimiento de tres personas queridas y muy cercanas a causa de negligencias médicas en instituciones de salud públicas de Morelia, que actualmente están convertidos en meros matasanos, en meros mataderos. Así como lo testifican los 150 pequeños infantes que se han quedado sin quimios en el Hospital Infantil por falta de recursos -por falta de humanidad- y de los cuales ayer en esta empresa nos sumamos a su causa en redes difundiendo el hashtag #quimiosparaninosdemorelia.
Así como los enfermos del Civil que se quedan semanas sin comer la dieta médica que deben seguir por falta de recursos ante lo cual sus familiares deben comprarles tortas de la zona. Así como los del Seguro que no tienen citas en especialidades básicas como Cardio hasta el año que viene o en el ISSSTE donde la falta de medicamentos es una constantes, casi como en el IMSS donde la falta de pago a los servicios subrogados de los laboratorios hacen que no se entreguen análisis vitales para enfermos crónicos con un pie entre la vida y la muerte.
En un año, he registrado 24 asaltos de amigos y conocidos violentos, a mano armada con pistola o cuchillo y he sabido de otros 12 de gente cercana, entre ellos 5 asesinatos inexplicables, tipo “no me entregas lo que te pido pues te mato” así sea una pinche móchila, un celular o una bolsa de mano. También un secuestro que terminó en lo peor. La muerte de la víctima, un sencillo profesor de educación pública a quien alguna envidia le pareció costeable su vida a cambio de unos cientos de miles de pesos.
Si me pongo hablar de las quejas que he escuchado porque las llamadas al 066 para pedir una ambulancia o una patrulla no sirven de nada, entonces tendría que hacer otra columna aparte. Una misma saldría igual de sustanciosa de los casos de corrupción y extorsión ciudadana de parte de agentes y elementos de seguridad, en negocios o contra automovilistas.
Y en medio de toda esta descripción de tantos infiernos morelianos me pongo “frívolo” para denunciar que me robaron mi auto. Pero es que, sinceramente, debo confesar que tengo algo de miedo. No sé que tanto.
La única justificación que tengo para escribir que se robaron mi auto es para decir que en realidad lo hago para decir que temo por mi integridad. Y que no sé si deba empezar a temer por mi vida.
Tres personas me lo sugirieron cuando les pedí apoyo para tratar de recuperar, de rastrear mi carrito. “Te has puesto a pensar que puede ser una señal para tí” más o menos me dijeron.
–¿Una señal de qué?
–De que le bajes…
Entonces ató los cabos y pienso:
Mi auto, un Tsuru modesto y bien jodidito (por eso me gustaba, porque creía que con ese aspecto nunca se lo iban a robar, con la puerta del conductor ‘chocada’) era poco antojable en medio de los otros carros estacionados la madrugada de este viernes amero afuerita de la entrada del Black Bar ubicado en Bartolomé de las Casa en pleno Centro de Morelia, a una cuadra de Las Tarascas.
Se lo robaron en plena madrugada entre las 2 y las 2:30am, mientras me encontraba en el interior celebrando el cumpleaños de un colega. Una reunión de periodistas en la cual apenas duré 2 horas pues llegue pasaditas de la 1:30am tras terminar una jornada laboral. Ni siquiera alcancé a ponerme pedo para que el impacto del robo no hubiera sido tan directo. Los porteros del antro como siempre no vieron ni escucharon nada. A pesar de que el auto estaba estacionado ni a 3 metros de la entrada…
Apenas ayer jueves publicamos en este medio un testimonio fehaciente de parte de un empresario que señalaba como había una probable colusión entre agentes ministeriales y asaltantes de una banda en motoneta quienes eran soltados durante su traslado a la Procuraduría de Justicia luego de ser detenidos por policías privados, por lo que no era posible interponer denuncia para reconocerlos.
En días pasados difundimos una grabación de como mandos policiales piden cuotas a sus subordinados bajo la instrucción de “maten, roben, secuestren” pero deben llevarle dinero, así como notas de denuncias ciudadanas que testifican extorsiones de agentes de seguridad a automovilistas bajo cualquier pretexto para sacarles algún billete.
Eso, entre otras muchas otras notas relacionadas al respecto. Razones suficientes dicen mis consejeros circunstanciales, como para pensar de que puede ser una “señal”. Pero igual no, y fue un auto más robado en las calles de Morelia.
A final de cuentas no es la primera vez que me amenazan o que me amedrentan. Hace unos años me abrieron ese mismo carro hoy robado para sustraerme una mochila de documentos, también en pleno Centro de Morelia, sólo que esa vez fue a la luz del día. Hace unos meses le explique a un muy alto mando del gobierno estatal que nos estaban intentando extorsionar a lo cual me respondió fríamente “no te preocupes, ya sabemos quienes son”… ( #WTF! ¿y si saben quienes son por qué no los agarran? me pregunté con rabia por dentro).
Entonces, si sólo me robaron mi carro, un vil auto de menos de 25 mil pesos de valor neto, ¿por qué hacerla tanto de pedo y darse el lujo de escribir esta columna?
Por tres razones:
-¡Porque estoy hasta la jodida paranoía! De temer todos y cada uno de los días de los últimos años que algo le pase a mis seres queridos o a mi a causa de unas ratas, de unas lacras, de la permisión y colusión de las autoridades, en una ciudad donde te matan por cualquier pendejada como aquel estudiante universitario de 23 años asesinado en septiembre pasado por defender a su novia de un asalto a las 7:00 am mientras se dirigían a su escuela cuando un Chevy rojo los “encontró” esperando la combi sobre el Libramiento Norte.
-Porque me siento cabronamente impotente por todo lo que pasa y cuando te pasa, nadie de las autoridades te ayuda, nadie de las autoridades te salva, a nadie de las autoridades le importas. Justo enseguida acudí a poner mi denuncia ante la agencia del MP en Camelinas por ser la más cercana y pues me atendieron amablemente hasta eso, pero no me pudieron levantar la denuncia porque no llevaba algún documento que validará la propiedad (¿cómo explicarles que preferí acudir a poner enseguida la denuncia antes de pensar en los papeles del auto, varios de los cuales están en su interior por lógica tránsito-vehícular?). Me aconsejaron llamar al 066 para pedir que lo difundieran con las unidades patrullando pero me indicaron que sin número de denuncia no se podía hacer mucho.
-Porque ¿qué tal si sí es un aviso de que debo bajarle? ¿Qué tal si me debo preocupar por algo más? Como la duda no se me quita, entonces simplemente la comparto.
Aún así, en medio de la desconfianza hacia las instituciones, debo interponer mi denuncia ante la Procu pero ya no para siquiera para aspirar ilusamente que encuentren el carro sino para deslindarme de probables malos usos que le den quienes lo robaron, y ante ello, no sé si le estaré dejando mis datos personales al enemigo. Por eso lo asiento en esta columna. Como testimonio de un reportero a quien le dicen que su actuar puede ser muy «incómodo» para ciertas personas.

PD. Gracias a los amigos, a todos quienes les d í lata y me echaron la mano en la medida de sus posibilidades en plena madrugada.


