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Jesús Sandoval (identificado como Alberto Jesús Sandoval en reportes de seguridad), conocido como “Chuchito Nini”, murió la noche del 30 de agosto durante un operativo militar en la ranchería Rodeo del Pinal, en Tocumbo, Michoacán, junto a Luis Enrique Barragán Chávez, “El Wicho” o “R5”, señalado como líder del Cartel de Los Reyes.

Tenía apenas 15 años y, antes de portar armas de fuego, su vida en redes sociales mostraba a otro adolescente: uno que usaba uniforme de futbol, presumía sus aficiones y parecía tener un futuro muy distinto al que encontró en las filas del Cártel de Los Reyes.
Las fotografías que dejó en redes sociales permiten reconstruir parcialmente el cambio que experimentó durante sus últimos años; En las primeras publicaciones aparecía como cualquier adolescente: con uniforme de futbol y actividades propias de su edad. Después comenzaron a aparecer imágenes en las que vestía ropa táctica, chalecos blindados y posaba con armas de alto calibre.

Sus cuentas de Instagram, que llegaron a reunir más de 4 mil seguidores, mostraban también ropa de marca, corridos y mensajes relacionados con la violencia y el poder. En algunas fotografías aparecía acompañado de otros jóvenes armados.
Fuentes extraoficiales lo ubicaban como uno de los hombres de confianza de “R5” y como parte de su grupo de escoltas. También era señalado como responsable de reclutar a otros adolescentes conocidos como los “ninis”. Incluso su nombre apareció en narcomantas relacionadas con disputas por el control de plazas y con la extorsión a productores de aguacate en Michoacán.

A esa edad, un adolescente todavía debería estar pensando en la escuela, en sus amigos o en qué hacer con su vida. En su caso, las decisiones que tomó (y las circunstancias que lo rodearon) lo llevaron a colocarse bajo el mando de un jefe criminal, y a asumir un papel dentro de una estructura de armas y violencia cotidianas.
Después del operativo, la historia dejó de ser una nota roja cualquiera. La madre del adolescente acudió ante la Fiscalía de Michoacán para reclamar el cuerpo de su hijo y trasladarlo a Los Reyes.
En medio de las investigaciones, la pregunta más difícil de responder es: ¿En qué momento un adolescente común terminó convertido en escolta de un líder criminal por el que estaba dispuesto a dar la vida?

Hablar de “Chuchito Nini” únicamente como un sicario de 15 años nos permite ver el final, pero no necesariamente el trasfondo de la situación. Su historia expone una de las caras más crudas de los grupos criminales: la posibilidad de que menores sean incorporados a organizaciones que les ofrecen identidad, pertenencia y poder, hasta ganarse su lealtad.
Más allá de las armas aseguradas y del operativo militar, queda la historia de un niño que llegó a las filas del crimen antes siquiera de alcanzar la mayoría de edad. Una historia que, más que alimentar la nota roja, obliga a analizar el costo humano que hay detrás del reclutamiento de jóvenes por parte de los grupos criminales.
“Jóvenes Unen al Barrio”, una estrategia que llega a la región
Tras darse a conocer que uno de los abatidos durante el operativo en la zona era un adolescente de 15 años, el gobernador de Michoacán, Alfredo Ramírez Bedolla, fue cuestionado sobre la estrategia federal “Jóvenes Unen al Barrio”, dirigida a adolescentes y jóvenes de entre 12 y 29 años.

El mandatario aclaró que el programa no es exclusivo de Los Reyes, sino que forma parte de una estrategia nacional que ya se aplica en distintas regiones del país a través de la Secretaría de los Jóvenes. Recordó que la semana pasada estuvo en la región para poner en marcha el llamado Corredor Seguro, con un despliegue en las carreteras que conectan Los Reyes con Tocumbo, Peribán, Tingüindín, Zamora y Cotija.
La puesta en marcha de “Jóvenes Unen al Barrio” adquiere especial relevancia frente a historias como la de “Chuchito Nini”, pues la estrategia busca trabajar con adolescentes y jóvenes precisamente en zonas donde existen condiciones que pueden acercarlos a dinámicas de violencia y criminalidad.
