Doble click: El Derecho al tiempo

Escribe Vania Montes
Esta mañana, mientras conducía rumbo a mi fuente de trabajo escuché a una Senadora en la radio que conocí en el tiempo en que estuve afiliada a un partido naranja. En la entrevista, Patricia Mercado hablaba de que hoy el Senado había aprobado con 120 votos a favor la reducción de la jornada laboral a 40 horas; y lo que debía ser una alegría instantánea porque soy clase trabajadora, en realidad fue motivo de suspicacia…y como además estaba atrapada en el tráfico provocado por una obra de desarrollo urbano, me dio por divagar sobre el derecho al tiempo.
Diría que siempre he pensado que el punto de partida de cualquier derecho debe ser la dignidad humana, pero lo cierto es que eso lo aprendí hasta que tuve una materia en la que nos hablaron de Kant y Foucault y me preguntaba si el legislador/a reflexionó sobre su filosofía.
El primero pensaba que las personas deben ser tratadas como fin en sí mismas y no como medio para reproducir riqueza; mientras que el segundo, nos explicaba que el control del tiempo ha sido históricamente una forma de ejercer poder sobre las personas… pero ¿qué relación tiene eso con la reforma que promete que para 2030 la clase trabajadora ya tendrá su jornada reducida? Pues para pensar en todo eso me dio tiempo el embotellamiento del llamado paso Eréndira frente al mercado de abastos.
La reducción de la jornada laboral de 48 a 40 horas semanales, es sin duda una noticia que merece celebrarse, porque se legitima la idea de que las personas no vivimos únicamente para trabajar, pero las implicaciones y alcances de esta reforma no sólo son laborales, tienen también un profundo impacto social.
Por décadas el trabajo en México se ha construido sobre una realidad que insisten en invisibilizar: las mujeres trabajamos doble jornada, una no remunerada con el trabajo doméstico y de cuidados. Cocinamos, limpiamos, cuidamos hijos, atendemos a personas mayores o enfermas, pero a pesar de ser indispensables esas labores para la sociedad, históricamente no han sido reconocidas.

Defender el tiempo libre está muy bien, porque de cierta forma se está defendiendo la autonomía de las personas frente a estructuras económicas, pero los planteamientos que se hicieron al no aumentar un día de descanso, sino a redistribuir las horas en los seis días laborales y aumentar el tope de horas extra autorizadas, me hace pensar en que una vez más estamos frente a una simulación: La ley nos promete derechos pero la realidad los vacía de contenido. Como está, esta reforma sólo plantea un cambio numérico sin impacto real, incluso para muchas mujeres eso significaría seguir cargando con jornadas laborales completas más jornadas domésticas invisibles; porque las mujeres de clase trabajadora destinan su día de descanso a todo menos a descansar
Ojalá que esta reforma no desperdicie el potencial tremendo que tiene de darle al tiempo su valor social; y de darnos a todas y todos, un tiempo que nos permita cuidar, educar, crear, convivir y construir comunidad; y para las mujeres, que esta reforma represente un avance hacia la igualdad.
Cuando hablamos de jornada laboral estamos hablando de vida. Esta reforma puede ser un buen intento por redistribuir uno de los bienes más valiosos que existen: las horas de vida. Desde esta perspectiva, el debate ya no gira únicamente en torno a costos empresariales o ajustes operativos. Por eso la reforma de las 40 horas no es solo laboral. Es una afirmación filosófica de que el tiempo pertenece, antes que nada, a las personas.
La pregunta es si van a garantizarlo en la práctica.
Vania Montes estudio Letras hispánicas. Es abogada de profesión, docente por vocación, escritora del no por convicción y adoradora del rock argentino por inspiración.

