“La Jarochita”: Pan, Tradición Y Devoción A La Virgen De Dolores En Morelia

STAFF/@michangoonga
La panadería “La Jarochita”, ubicada en la Calle Quintana Roo #342, frente del templo de Cristo Rey, se mantiene como un testimonio vivo de la historia familiar y la identidad moreliana. Con cerca de 87 años de existencia (desde 1939). Detrás del mostrador, entre aromas cálidos de pan recién horneado, se encuentra Guadalupe Altamirano, mejor conocida como Lupita de quien, a sus 65 años, su vida ha estado íntimamente ligada a la creación artesanal de pan.

“Desde que tengo memoria, he trabajado aquí” cuenta con una sonrisa amable que refleja orgullo y cariño. Sin embargo, fue hace apenas 15 años cuando asumió formalmente la responsabilidad como jefa del negocio familiar.

La historia de “La Jarochita” comenzó con su abuelo, don Aurelio Altamirano, quien fundó la panadería con esfuerzo y dedicación. Pero más allá del pan, hay una historia profundamente arraigada en la fe y las costumbres mexicanas. Lupita recuerda cómo su abuela instauró una tradición que sigue viva hasta hoy: la colocación de un altar a la Virgen de los Dolores durante el Viernes Santo.
“Antes, era una imagen pintada a mano en una manta. Mi abuelita le ponía su altar cada Viernes Santo, lo dejaba hasta el sábado y luego lo quitaba”, relató. Aquella práctica, común en muchas familias mexicanas, consistía en adornar altares con flores del hogar y ofrecer aguas frescas como símbolo de las lágrimas de la Virgen.

Con el tiempo, la tradición tomó un nuevo rumbo gracias a un personaje inesperado: Alan, amigo de la familia Altamirano, un hombre originario de Estados Unidos, quien al conocer la historia del altar decidió contribuir de una manera especial. “Desde que tengo memoria, la Virgen siempre ha estado con nosotros”, afirma Lupita, quien destacó el valor emocional y espiritual de esta tradición.

A pesar de que la virgen sigue perteneciendo al dueño original, se queda en casa de la Jefa de la panadería, pues por practicidad, es más conveniente para todos, Alan sigue al pendiente de la misma, mandándole flores o comprándole mantos para mantenerla en buen estado.
En cada pieza de pan de aproximadamente $15 pesos y en cada detalle del altar, esta panadería reafirma que las tradiciones no solo se recuerdan, se vive, y en este caso, también se hornean.
