COLUMNEROSMichoacán: Recuperando la utopía

Michoacán, Recuperando La Utopía: Bosques, agua y futuro

la defensa ambiental como agenda social en Michoacán

Escribe Roberto Pantoja Arzola

Hay silencios que anuncian crisis. El del bosque es uno de ellos. Cuando deja de oírse el viento entre los pinos, cuando la humedad se vuelve polvo, cuando el manantial se apaga, no es solo un paisaje el que cambia: es la vida entera la que entra en riesgo.

Cuidar nuestros bosques no es solo proteger árboles: es defender el agua, la vida y la paz en Michoacán. En el marco del Día Internacional del Agua, Michoacán tiene mucho que decir… y mucho por hacer.

Cada gota de agua que llega a nuestras casas tiene una historia.

Nace en la montaña, en la sombra de los bosques, en la raíz profunda de la tierra.

Sin bosque, no hay agua. Y sin agua, no hay futuro. Hoy, la discusión ambiental ya no puede verse como un tema aislado o secundario. El cuidado de nuestros bosques es una agenda social, económica y también de seguridad. Porque cuando un bosque cae, no solo se pierden árboles: se pierde humedad, se erosiona la tierra, se secan los manantiales… y con ello, crece la pobreza.

Bosques, agua y pobreza: una relación directa. Diversos estudios han demostrado que más del 70% del agua dulce que consumimos depende de ecosistemas forestales sanos. En Michoacán, regiones como la Meseta Purépecha y el Oriente del estado son verdaderas fábricas naturales de agua.

Sin embargo, el avance descontrolado del cambio de uso de suelo —principalmente para cultivos como el aguacate— ha provocado la pérdida de miles de hectáreas forestales en las últimas décadas. A esto se suma una realidad compleja: la presión del crimen organizado sobre los territorios, que ha incentivado la tala ilegal y la expansión irregular.

El resultado es claro: menos bosque, menos agua… y más desigualdad.

Comunidades indígenas: guardianes del territorio. Frente a este panorama, hay una verdad que debe reconocerse: las comunidades indígenas han sido históricamente las principales defensoras del bosque. En la Meseta Purépecha, muchas comunidades han establecido sistemas de vigilancia, manejo forestal sustentable y reforestación. No solo cuidan su territorio: cuidan el equilibrio ambiental de todo el estado. Hoy más que nunca, es momento de fortalecer su papel, reconocer sus derechos y acompañar sus esfuerzos. Porque defender el bosque también es defender la identidad, la cultura y la autonomía de nuestros pueblos.

Bienestar y medio ambiente: una alianza posible. Programas como Sembrando Vida han demostrado que sí es posible unir desarrollo social con restauración ambiental. A nivel nacional, este programa ha impulsado la siembra de más de mil millones de árboles, generando ingresos para miles de familias campesinas. En Michoacán, representa una oportunidad clave: recuperar suelos, reforestar territorios y ofrecer alternativas económicas sostenibles.

Tema pendiente; Justicia hídrica.  Del «Ciclo del Agua» al «Ciclo del Despojo»: No solo se pierde agua por la tala, se pierde por el cambio de uso de suelo comercial. Hay que señalar que el aguacate es «oro verde» para unos pocos, pero «sed» para la mayoría.

Justicia Hídrica: La CDMX y el Estado de México tienen una deuda histórica con Michoacán. El Cutzamala no puede ser solo un tubo que saca agua; debe ser un mecanismo de retribución económica directa a los comuneros que cuidan el bosque.

Aquí nace una idea que debemos impulsar con fuerza: Si los bosques de Michoacán recargan sistemas como el Cutzamala —que abastece a millones de personas en la Ciudad de México—, entonces es justo que exista una retribución por servicios ambientales más robusta y permanente. Se dio un primer paso gracias al convenio que permite contar con fondos concurrentes y el fondo monarca, pero es momento de profundizarlo; invertir más en los bosques michoacanos no es un gasto, es una inversión en la seguridad hídrica nacional.

La mariposa monarca: símbolo de lo que está en juego. Cada año, millones de mariposas monarca recorren miles de kilómetros para llegar a los bosques de Michoacán. Su presencia no solo es un espectáculo natural: es un indicador de la salud de nuestros ecosistemas. Pero su hábitat está en riesgo. La deforestación, los incendios y el cambio climático amenazan este fenómeno maravilloso de la naturaleza, único en el mundo.

Cuidar nuestros bosques es garantizar que la mariposa monarca siga llegando.

Y con ella, preservar un patrimonio natural que es orgullo de México y del mundo. Si desaparece la monarca, algo profundo se habrá roto en nuestro equilibrio ambiental.

Datos que no podemos ignorar:

  • México pierde alrededor de 150 mil hectáreas de bosques al año.
  • En algunas regiones de Michoacán, la expansión agrícola ha sido uno de los principales factores de cambio de uso de suelo.
  • El sistema Cutzamala depende en gran medida de la captación de agua en zonas forestales del centro-occidente del país.
  • Los bosques pueden infiltrar hasta 10 veces más agua que suelos degradados.

Estos no son solo números. Son señales de alerta.

El legado que debemos reconocer. Michoacán tiene historia en la defensa forestal. En la década de los 80, durante el gobierno del Ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, se impulsaron políticas pioneras en manejo forestal y protección ambiental. Hoy, ese legado nos recuerda que sí es posible tomar decisiones valientes en favor del futuro.

Pueblo y gobierno interactuando. Hoy, también es justo reconocer que en Michoacán hay ejemplos de coordinación entre comunidad y gobierno que muestran el camino. El rescate del Lago de Pátzcuaro, con acciones de saneamiento, desazolve, control de descargas y participación comunitaria, registra ya avances significativos -superiores al 60% en sus primeras etapas-. Es una señal de que cuando hay voluntad, sí se puede revertir el deterioro ambiental.

Pero también hay alertas que no debemos ignorar: la presión sobre la Laguna de Cuitzeo y otros cuerpos de agua nos recuerda que el tiempo apremia.

El futuro se siembra hoy. A las y los jóvenes de Michoacán quiero decirles algo muy claro: El gobierno está cumpliendo con abrir oportunidades para este valioso sector: becas, apoyos, programas. Pero el futuro también necesita de ustedes. Si cada joven sembrara y adoptara un árbol, estaríamos sembrando agua, vida y esperanza. Defender nuestros bosques no es tarea de unos cuantos. Es una responsabilidad colectiva. Porque en cada árbol que se cuida, en cada manantial que se protege, en cada comunidad que resiste… se está construyendo la paz.

Y hoy, más que nunca, Michoacán necesita que el bienestar también se siembre en la tierra.

Roberto Pantoja Arzola es titular de la Delegación de la Secretaría de Bienestar del Gobierno de México en el estado de Michoacán de Ocampo desde el 2018.

Del 2015 al 2018 se desempeñó como presidente del Comité Ejecutivo Estatal de Morena en Michoacán.

Abogado, egresado de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (UMSNH) y Maestro en Docencia e Investigación por la Universidad Santander.

Botón volver arriba