Doble click: Ningún algoritmo puede modificar la realidad.

Escribe Vania Montes.
Algo que me enamoró del Derecho laboral hace un par de años fue enterarme de que la base de la reforma fue el llamado Principio de Realidad. La licenciada Rogelia, que fue mi maestra, me explicaba que no basta con lo que alguien dice, en este sistema se analiza la conducta, la congruencia, los actos posteriores; es decir: la realidad de los hechos prevalece a la narrativa. Y eso señoras y señores fue lo que me hizo retomar la abogacía, porque por fin encontré poesía en sus letras.
Y es curioso cómo ese principio jurídico que me devolvió la fe en la abogacía también sirve para entender el espectáculo mediático actual.
Pues bien, como también colaboro en una página de noticias, soy la mejor enterada de cosas intrascendentes en mi grupo de amigas, por lo que me han confiado la comisión de que las tenga al tanto de cuanto pasa en la farándula y por lo menos con una de ellas, he tratado de cumplir cabalmente con mi misión, así que me puse a leer los comunicados que lanzaron en torno a una canción impresentable que se llama como una de mis abuelas (“Rosita”) y que básicamente en una línea fomenta que a las mujeres no se nos trate con respeto legitimando su discurso de que somos desechables.
Nada sublime el texto de la canción, insisto, impresentable; de hecho, sería una línea todavía más “equis” si no fuera por su trasfondo en nuestra cultura popular. Todos/as sabemos que Nodal tiene el alma enamorada como nuestro buen Chalino (QEPD) y que todavía no dejaba de lactar la Cazzu cuando él ya estaba casado con alguien más; ¿entonces? ¿Qué provocó que esta semana los protagonistas usaran otra vez el ring mediático?, Diría que el patriarcado metido en una pieza terrible de reguetón o rap, ya ni sé.
Evidentemente esta columna no se trata de por qué no debemos darle oportunidad a un sujeto feo, sino de que no se entiende el principio de realidad en una actualidad donde la inteligencia artificial nos dice hasta qué sentir; no sólo nos mejora la redacción y los discursos, sino que pone palabras e ideas en nuestra mente y corazón, que de otra manera serían indecibles. Y lo terrible viene cuando vemos que a cada vez más jóvenes la inteligencia artificial les está ayudando a todo, hasta a escribir disculpas, pero no les está enseñando responsabilidad afectiva. El verdadero tema no es Nodal.
Es la desresponsabilización emocional mediada por IA.
En fin, el sujeto aludido le dice a ChatGPT cómo se siente y ésta le redacta un comunicado que nos deja pensando desde cuándo Nodal está divorciado de la realidad, porque no sólo es inverosímil que él lo haya redactado, nos lo quiere hacer creer; peor aún, él lo cree. Y se siente arropado por la inteligencia artificial porque por fin alguien solapa que se victimice.
“No existe una cifra exacta, verificada y global de cuántas personas buscan contención emocional específicamente en ChatGPT”; pero entiendo que Nodal la usa porque no hay juicio humano inmediato, no porque no pueda pagar una terapia; que es lo que en realidad le urge: psicólogo y que alguien le quite el internet.
Bueno, también quería decir que es feo que se burlen de una situación dolorosa en una canción fea. Si una relación terminó mal, si hubo incongruencias, si alguien salió lastimado eso no desaparece con un discurso de la IA repleto de armas retóricas sin alma; pero ya que estaban ahí, le hubieran pedido paro para reescribir esa canción tan espantosa.
Porque al final, ni en el Derecho ni en el amor, la narrativa sustituye a los hechos. Y la realidad —aunque incomode— siempre termina por imponerse.
Vania Montes estudio Letras Hispánicas, es abogada de profesión, docente por vocación, escritora del no por convicción y adoradora del rock argentino por inspiración.

