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Ser justo, no del montón

Por Padre Pistolas

 

En una ocasión en que me quejaba en la radio por la falta de apoyo de mis compañeros en mis difíciles tareas, me habló un amigo diciéndome: “Padre, usted es como las águilas, solitarias, viven en las alturas, de vez en cuando bajan por grandes presas, pero si quiere ser del montón como los pajaritos que andan en parvadas de las tunas a las flores no haga esas obras”.

 

Jeremías, Gandhi, Luther King y el mismo Cristo nadaron contra la corriente y murieron asesinados por la envidia de sus compañeros. La principal lucha del ser humano es contra su propia ambición, envidia y orgullo. Lo dice y tiene razón el apóstol Santiago: por eso vienen los robos, asesinatos y guerras. La autoridad verdadera que es la autoridad moral, congruente entre el hablar y el hacer, viene del servicio.

 

El que quiera ser el más grande debe ser el servidor de todos, nos dice Jesús nuestro Señor. Efectivamente por eso me gusta promover toda clase de obras sociales por el pueblo. Además ese es el espíritu del Concilio Vaticano II, aunque algunos compañeros parece que todavía después de cuarenta años no les cae el veinte. Lo más interesante en este mensaje en el que Jesús les anuncia Su pasión y muerte por segunda vez, sentados y en la soledad con sus discípulos, con temor a preguntar una mayor explicación y peleándose por “hueso principal” lo cual no ha cambiado hoy en día es el llamado hacer “niños grandotes”.

 

Lo mejor y lo peor de la vida lo aprende uno de su familia, mi vocación sacerdotal fue inminente porque a la casa que es de ustedes entraban seguido personajes que luego fueron grandes: el Cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo, el futuro Obispo Román Acevedo, pariente nuestro, el Obispo José del Valle, que hizo en Villahermosa, Tabasco las torres más altas (66 metros) de México etc. Mis hermanas me mandaban de lunes a viernes con un vaso lleno de agua y una flor al Santísimo y recogía el vaso del día anterior, no me desviaba más que una cuadra en mi camino a la escuela, todo esto hizo que cambiara las pistolas, sables y medallas condecorativas de mis antepasados militares por la predicación y la confesión a tanto chivo grande.

 

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