Derechos humanos (una mirada) // By @Ruy_Carreno

Por Ruy Carreño
In memoriam de mi tío el Dr. Héctor López Hernández (galeno y abogado).
El día de mañana, como todos los años, los países miembros de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), celebran el Día Internacional de los Derechos Humanos; en conmemoración al día en que la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la Declaración Universal de los Derechos Humanos.
La Declaración Universal de los Derechos Humanos (DUDH), adoptada por la Asamblea General de la ONU, en su Resolución 217 A (III), el día 10 de diciembre de 1948, en París; es uno de los documentos internacionales más representativos; puesto que en él se reconoce un el ideal común de los pueblos del planeta; sentando las bases para una educación que fortalezca el respeto a los derechos humanos, favoreciendo ante todo la comprensión, la tolerancia y la amistad entre todas las naciones y todos los grupos étnicos o religiosos.
En nuestros días (días violentos, huelga decirlo), cobra vital importancia la incansable labor de las Organizaciones de la Sociedad Civil, en la defensa, promoción y difusión de los Derechos Humanos en México y en el mundo; gracias a su constante participación, se ha logrado dar pasos importantes en esta materia; obligando al Estado, ha adoptar un marco normativo afín a la problemática social de nuestro tiempo.

Sin embargo, ante las reiteradas y constantes violaciones a los derechos en nuestro país (presentes en casos de tortura, desaparición forzada, ejecuciones extrajudiciales, faltas graves al debido proceso y demás); habría que preguntarnos: ¿qué estamos haciendo a favor de los derechos humanos?
Ante la falta de un eje rector del Estado en materia de educación en derechos humanos, es menester retornar a una de las instituciones más antiguas (incluso más que el Estado mismo): la familia. Es ahí donde debemos empezar una educación en derechos humanos; aunque suene descabellado de hijos a padres (y viceversa); porque en la medida en que hagamos de éstos derechos un modo de vida, un código de ética y de valores aprendido en la familia y llevado a las aulas; reafirmaremos nuestra fe en el género humano. Hagamos de ésto una predica, a fin de lograr el ideal común del que se habla en la Declaración Universal; que el día de mañana cumple un aniversario más: ¡humanistas del mundo unidos!


