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Papá Pitufo y Gargamel// By @gaaelico

Espacio para la estulticia de un humilde obrero de la información #Antifascista #Socialismo Humano
Espacio para la estulticia de un humilde obrero de la información #Antifascista #Socialismo Humano

Por Antonio Aguilera

Estanislao Beltrán puede ser cualquier cosa, pero menos un personaje del que pudiéramos sentirnos orgullosos los michoacanos, como lo pretende el PRI. El ex vocero de las autodefensas no es ni mucho menos un símbolo de la resistencia social que emergió en febrero del 2013 para pronunciarse –a través de las armas- como sí lo fueron el Doctor José Manuel Mireles Valverde o el propio Hipólito Mora.

De toda aquella insurrección que al final fue domesticada por el ex comisionado Alfredo Castillo, el papel especifico de Estanislao Beltrán fue interpretar un vasallaje a las ordenanzas del enviado presidencial.

Beltrán protagonizó muchos de los capítulos más escabrosos –por decir lo menos- del devenir y posterior desaparición de las autodefensas michoacanas. En donde siempre fue obsequioso a Castillo y donde gustoso asumió su papel de comandante de la Fuerza Rural, sin haber aprobado los protocolos mínimos para asumir un papel de guardián del orden.

El denominado “Papá Pitufo” pregonó durante meses que la inseguridad y la violencia en la Tierra Caliente de Michoacán tuvieron su origen en el ominoso matrimonio político entre la delincuencia y el PRI. Beltrán acusaba al alcalde de Apatzingán de ser un Templario confeso y repudiaba los acuerdos que muchos alcaldes y funcionarios de primer nivel del gobierno priísta con el malogrado Servando Gómez Martínez.

Pero también Estanislao Beltrán desempeñó un papel importante en meterle cizaña al movimiento que encabezaba Mireles e Hipólito y que desembocó en su ulterior desaparición.

En el 2014 el grupo de Hipólito rompía con Beltrán por “representar otros intereses que no conciernen en su lucha” y lo acusaban de ser vocero de el “Americano” y su grupo.

Al final, con las autodefensas domesticadas, Beltrán asumía su papel de fuerza rural y buscaba simbolizar el esfuerzo que hizo el gobierno federal para reestablecer la seguridad en la zona más dañada por la violencia.

Será tal vez por eso, que al ser el emblema de la “exitosa” estrategia de seguridad implementada por la Federación en el estado, el candidato del PRI, Ascensión Orihuela, decidió hacerse acompañar del polémico “comandante” de la Fuerza Rural.

Tal vez la estrategia del PRI busque detonar una polarización, ahora política, entre el grupo de Hipólito Mora y el de Estanislao Beltrán, o tal vez forme parte de la moda de presentar a personajes polémicos o freaks para darle sazón a las campañas.

Pero en el fondo, y teniendo en cuenta la trayectoria de “lucha” social de Beltrán de oponerse al PRI, como lo hubiera hecho cualquier autodefensa auténtico, no deja de resultar paradójico que la imagen de este domingo en Apatzingán, donde Estanislao levanta la mano a Orihuela, sea como si Papá Pitufo hiciera la paces con Gargamel.

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