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Jaime Sabines en el imaginario cultural de México// By @Ruy_Carreno

Soy Rodrigo Carreño, orgulloso “Terra-Calentano”, guerrerense de corazón, egresado de la Licenciatura en Derecho por la FES Acatlán de la UNAM; un tipo sencillo, apasionado por la vida; la curiosidad me hace vivir en una constante búsqueda, aprehensor de palabras y versos, amante de la poesía y de la mujer, como la obra más bella y perfecta de la creación. Mi perversidad es tan grande, que los haré diabéticos con tanta miel. En la patria de las letras, existe una revolución constante, limitar éste espacio sería atentar contra la libertad, aquí hablaremos de muchos temas poesía, arte, música, folclore, de lo cotidiano, política y de temas jurídicos de interés general; la imaginación encuentra sus límites en lo infinito.
Soy Rodrigo Carreño, orgulloso “Terra-Calentano”, guerrerense de corazón, egresado de la Licenciatura en Derecho por la FES Acatlán de la UNAM; un tipo sencillo, apasionado por la vida; la curiosidad me hace vivir en una constante búsqueda, aprehensor de palabras y versos, amante de la poesía y de la mujer, como la obra más bella y perfecta de la creación. Mi perversidad es tan grande, que los haré diabéticos con tanta miel. En la patria de las letras, existe una revolución constante, limitar éste espacio sería atentar contra la libertad, aquí hablaremos de muchos temas poesía, arte, música, folclore, de lo cotidiano, política y de temas jurídicos de interés general; la imaginación encuentra sus límites en lo infinito.

Por Ruy Carreño

A la memoria de Jaime Sabines y sus Amorosos.

“Los amorosos callan / el amor es el sentimiento más fino / el más tembloroso, el más insoportable […]”, de esta forma da inicio uno de los poemas más aclamados y celebrados del gran Jaime Sabines; al escucharlo, al leer sus versos; no se puede ser indiferente, casi nadie resiste al suspiro que se escapa y toma vuelo, a la dicha de sentirse vivo, conectado con el mundo, a saberse loco, sólo loco, dichoso  porque el amor al fin existe; a pesar del odio y la guerra, a pesar de uno mismo o la jodida economía.

En la poesía de Sabines encontramos un canto al amor y a la vez un lamento, el amor como éxtasis, como locura, con esa pasión desbordada en un instante sin principio ni fin; pasional, desgarrador, que nos hace “morirnos más, hora tras hora”.

El amor, la soledad, la persistente muerte, son de los temas más insistentes en la obra incólume del poeta chiapaneco; pero, ¿qué tiene la poesía de Jaime que nos hace vibrar? En mi opinión, su obra poética es un reflejo inacabado entre lo terrenal y lo divino, destellos de luz entre penumbras; nos hace pensarnos, identificarnos en ella; cada poema se recrea y nos recrea, quizá en ello radique su vigencia en el imaginario mexicano, en la cercanía con “el peatón” —ese para el que Jaime escribía, reduciendo la brecha económica entre pobres y ricos—.

Jaime Sabines

Su lenguaje coloquial, sencillo, directo, emotivo y sin ataduras, casi siempre irreverente; nos hace vibrar, sentirnos cómplices, en cercanía con el poeta, en su entorno, en su cotidianeidad.

Por  imaginario cultural debemos entender “el reducto trascendental y trans-histórico en el que se va depositando el conjunto de vivencias y experiencias del quehacer humano a lo largo de su historia; el saber cultural de la especie” (Sánchez Capdequi); con base a ello, me atrevo a decir que la poesía de Jaime Sabines, trasciende las barreras del tiempo y el espacio, rompe de tajo toda barrera generacional, para quedarse entre nosotros, la gente de a pie; para cohabitar el mundo de los enamorados; para remover las entrañas de los que morimos de amor; su poesía vivirá en la caricia de los amantes de sed entretenida, en la soledad y el silencio de los años otoñales, recordándonos que todo viene, todo pasa, todo, todo se acaba.

En palabras de Jaime “la poesía es un acto gratuito, es un misterio tremendo, al que hemos pesquisado, al que hemos buscado durante años de nuestra juventud, es ese encuentro tremendo de las palabras con el misterio de la vida”.

Queridos lectores: los invito a descubrir ese misterio, a ser partícipes de ese encuentro, entre lo material e imaginario, donde la magia de poesía erige puentes comunicantes, que nos ayudan a trascender conocimientos empíricos, emociones y sentimientos esenciales a lo natural y lo humano,  de generación a generación.

Ay “yo me quejo, Tarumba, de estar sirviendo a la poesía y al diablo…”

 

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