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Si bien el calendario eclesiástico establece cada año una fecha en particular, (siempre un jueves entre los meses de mayo y junio) diversos pueblos michoacanos se turnan para no traslapar sus celebraciones. Y en algunos casos las fiestas han crecido al añadir otras actividades, convirtiéndose en eventos tan emblemáticos como las ferias del Cobre y la Guitarra que se realizan en agosto.
En la actualidad, hay variaciones en el festejo de un pueblo a otro pero coinciden en el objetivo de agradecimiento a la tierra y a Dios por el trabajo y el sustento, así como la petición por abundancia, buenas lluvias y generosas cosechas.

Los barrios del pueblo preparan grandes cantidades de comida para regalar a la feligresía y a cualquier otra persona que acompañe ese día a los festejantes.
En palabras del reconocido investigador de las tradiciones purépechas, Benjamín Lucas, “el corpus o chanajpantskua es una de las 18 fiestas que celebran nuestros antepasados y que aún se conserva en nuestras comunidades indígenas”. Señala que para los pueblos originarios la fiesta era el ritual para pedir las lluvias y buen temporal, pero con la llegada de los españoles cambió de nombre e incorporó otras fiestas que ya existían como la del pan, fiestas de las cosechas y otras.
Benjamín Lucas identifica en la fiesta actual del corpus rastros de la antigüedad de los p’urhepechas prehispánicos, como:
KÉRI UAPANTSKUARO. Fiesta en la que la gente bailaba con caña de maíz, como una forma de dar gracias a Kuerajperi, por las plantas, árboles y las cosechas.
KUINGO. En esta fiesta así llamada se hacían unos panes en forma de venado, pues tenían las creencias nuestros abuelos que el dios Kupantsieri se habían transformado en pan. Esta fiesta también estaba dedicada a la diosa Kuerajperi y era la fiesta donde se reunía toda la gente del pueblo para bailar con coronas de flores en la cabeza y música de tambores.
KURINDARO. La fiesta del pan que se celebraba haciendo panes de maíz y de chia (Parhi), (Chapata).
