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La revolución inconclusa/ By @Oswaldisimo

Por: Oswaldo Calderón

Actor de la vida, intérprete de mis sueños, drag queen por terquedad, escritor sin fama, ensayista sin futuro, cuentista a ratos, poeta fracasado, pero principalmente buen hijo, mejor amigo y con fecha de caducidad. Mi espacio personal: http://vampirujeando.blogspot.mx/ , Espacio literario dedicado a la diégesis de la vida y la narrativa vital de cada individuo; la poética urbana y sus personajes citadinos formaran parte de la dramaturgia coloquial; al final las historias metropolitanas serán las protagonistas del cuento de nunca acabar.
Actor de la vida, intérprete de mis sueños, drag queen por terquedad, escritor sin fama, ensayista sin futuro, cuentista a ratos, poeta fracasado, pero principalmente buen hijo, mejor amigo y con fecha de caducidad. Mi espacio personal: http://vampirujeando.blogspot.mx/ , Espacio literario dedicado a la diégesis de la vida y la narrativa vital de cada individuo; la poética urbana y sus personajes citadinos formaran parte de la dramaturgia coloquial; al final las historias metropolitanas serán las protagonistas del cuento de nunca acabar.

La Revolución Mexicana creó las bases del México moderno, de un México que no ha cambiado mucho en términos generales de aquel hace poco más de cien años. El México post-revolucionario ha construido su identidad siempre en contra de lo establecido y no en los concesos.

La revolución mexicana

El México que hoy conocemos y somos, se ha creado desde la traición, la deslealtad, la falta de honor, el engaño, el asesinato, la ambición, el oportunismo, el poder, y un larguísimo etcétera de adjetivos descalificativos que hoy se ciñen al patriotismo y el nacionalismo como corona de laureles y virtudes. El México de hoy es el mismo que Revueltas describió en una sola palabra: pinche.

La Revolución Mexicana trajo consigo cambios significativos (¡Ay, ajá!), en poco más de una década a principios del siglo pasado; a mi bisabuela la revolución le dejó dos o tres panchos y una parentela de dos o tres matrimonios por todo el bajío, que se puede contar tan numerosa como las estrellas de los cielos o las arenas del desierto; un época en que la mujer no era nada sin hombre al lado, aunque fuera para espantarse los moscos que revoloteaban alrededor del pulque. Al final de sus días mi bisabuela murió más pobre que cuando se levantó en armas, con su fusil y comal a la espalda, comal que perduró por los siglos y después fue el objeto de todos sus afectos y dio sustento a sus últimos hijos ilegítimos, de otro pancho que murió años antes que ella.

 Las adelitas

La revolución la hicieron los ricos para los ricos, el pueblo fue como hasta hoy, utilizado como piezas de ajedrez en favor de los poderosos; pasamos de una dictadura con apellido Díaz, en singular, a otra con el  priísmo en plural. A la tiranía de Porfirio Díaz, le sigue una marioneta juarista y después Juárez, éste zapoteco ilustre de los libros de texto, que en su abnegada y desde su liberal posición, sin querer queriendo se convirtió en Presidente de la República por cinco veces, el último inconcluso, a diferencia de los más fieles de otro dictador alemán, Juárez no murió envenenado según el acta de su defunción, ampliamente investigada por Fajardo y Salazar del Departamento de Historia y Filosofía de la Medicina de la UNAM; pero sí perpetuó su poder por 13 años; todo en favor de la democracia, que como los brasileños, yo me río de Janeiro. (Por eso prefiero festejar el día de la primavera, entre el paganismo al nacionalismo, prefiero “las saladitas”).

Revolución mexicana

La Revolución Mexicana dejó más de un millón de muertos, entre campesinos, obreros, pobres y desgraciados, tres o cuatro confusos adinerados y algunos presidentes a los que la ambición no perdonó. La tierra, tal como lo pensó el iluminado Zapata, se repartió, de enormes proporciones que pertenecían a una cincuentena de familias, a menores cantidades que no pasaban el medio millar, también de familias que supieron aprovechar la revolución a su conveniencia; hasta hoy todo ha cambiado, ahora la tierra pertenece a poco más de 300 familias mexicanas, unos 20 multimillonarios y el hombre más rico del mundo; en tanto que el 98 % de los mexicanos se reparten las sobras por las que sus padres y abuelos lucharon hasta la muerte. El eufemismo de oligarquía, en este país, se llama “democracia”. 

Revolución mexicana

En: http://goo.gl/02co7g

            La Revolución Mexicana fue (es) una revolución inacabada, inconclusa; los motivos quedaron al aire, sus propuestas diluidas entre la “modernización” (otro eufemismo para demagogia y promesas). Los argumentos siguen siendo los mismos desde sus inicios; locuras que dieron entre gritos parturientos a héroes nacionales y caudillos de estampitas, apellidos y títulos nobiliarios que en su cordura Carlota jamás imaginó. Somos un país pinche, producto de una revolución fallida, país medianero e idealista desde los términos más modernos y no desde la postura de Boccaccio; pero siempre como apestados, no desde la postura moderna; sino desde la peste dantesca.

La santa cruz

En esta época neoliberal impuesta, llegan a nosotros avalanchas de ideas que pretenden terminar o reivindicar la revolución, incluso empezar otra; ideas que son arrastradas por el sistema y como en “El luto humano”, deja en su camino a los más pobres entre los pobres como lastre, sin dignidad, sin hogar, ni patria. «La tiranía totalitaria no se edifica sobre las virtudes de los totalitarios, sino sobre las faltas de los demócratas.» A. Camus. 

El garrote

Como siempre agradezco sus comentarios: amigos, fans, fervientes, detractores e incluso aquellos para los que la sinapsis es cuestión de interpretación.

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