Del reclamo al desgreñe/ by @AnnHiellow
Por Ann
Ayer hablé al centro de atención a clientes de la compañía celular a la cual mi número se encuentra inscrito ya que me aparece un cobro que me saltó en la factura. El chavo que me atendió, amablemente resolvió mi duda con respecto a un problema técnico y llegamos a la parte de la facturaión. Le pregunté por la naturaleza del cobro y me indicó que era un cargo por cambio de plan. Me saqué de onda y le pregunté que si por cambiar te cobraban y titubeando me dijo que sí; al no estar conforme, le pregunté si se podría condonar por única ocasión el cargo. Bueno, para no hacerla larga, el chavo se trabó y apenadísimo, casi se deshacía en disculpas y como que no sabía ni cómo decir que no. Yo le respondí que estaba bien, agradecí la aclaración y finalizó la llamada.
En ese momento reflexioné y pensé que el pobre no encontraba cómo decir que no a algo que no está en sus manos resolver, con el temor de yo, como cliente, me enchangara, me convirtiera en Satanás vía telefónica y le pusiera senda arrastrada, porque tiro por viaje es lo que le ha de suceder. Lo viví ya que trabajé por varios años durante mi vida escolar en empleos relacionados con atención al público.
Tenemos derecho a inconformarnos, ¿pero tenemos derecho a maltratar a las personas representantes de la empresa?
Esto me hace recordar a las recientemente y tristemente célebres “ladies”: Andrea Benítez, quien por su prepotencia y berrinche, hizo que cerraran un restarurant usando como arma el puesto de su papá Humberto Benítez, entonces procurador de PROFECO. Y por acción, hasta la chamba le costó a su progenitor.
¡Y cómo olvidar a la Sra. Beristain! Llegando tarde al vuelo y exigiendo -haciendo uso de charola- que se le permitiera abordar, amenazando e insultando a los trabajadores de la aerolínea. Esta señora sí que es ignorante, y si ha viajado en avión en repetidas ocasiones, debería saber las políticas de las aerolíneas en general, ya que ni a Dios le permiten abordar fuera de tiempo por meras cuestiones de seguridad.
O el del empleado del aeropuerto, quien resultó abofeteado y golpeado porque el vuelo se retrasó. La gente amenzazaba y amedrentaba, al señor se le salió la risa y lo moquetearon.
Estos son un par de casos recientes que se hicieron archifamosos gracias a las redes sociales, pero estos abundan.
Muchos se quejan del pésimo servicio de algunas empresas y de la terrible atención, pero considero que los usuarios tienen gran responsabilidad de que ello. “Es que telcel es pésimo y ya fui a aventar el teléfono al idiota […] que me atendió, pinche Slim”; “el telecable es una porquería y por eso, me tupí a la mona […] de servicio a clientes y todavía me respondió”; “el personal en los aeropuertos son unos patanes”. Y afirmaciones como éstas, podría citar cientos, incluso miles.
Hay que recordar que los empleados de estos productos y/o servicios, antes de ser empleados son PERSONAS que cumplen con su chamba. Hay quienes ya de plano son mal encarados, pero traten de imaginar la cantidad de personas que les gritaron y los maltrataron antes que ustedes llegaran, muchas veces exigiendo o quejándose por algo imposible de conceder. Imaginen cómo deben tener el hígado o el estómago agujerado por una gastritis y/o colitis del demonio.
Es cierto que muchos productos o servicios no cumplen con nuestras expectativas o incluso, llegan a cobrarnos mal alguna factura, pero recuerden que en el pedir está el dar. Esto me recuerda la Regla de Oro: Trata a los demás como quieres ser tratado.
Así que, cuando vayan a poner una queja o hacer un reclamo, adquirir algún producto o hacer uso de algún servicio, respiren hondo y preséntense con su mejor cara y disposición, verán que las cosas resultaran muy distintas, hasta agradables sorpresas se pueden llevar. No sean “ladies” o “mirreyes” de la patanería. Estoy segura de que ustedes, queridxs changoonguerxs, son mucho mejores que eso.
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