SOFTNEWS

“La fe mueve montañas (pero no paga las cuentas)” // By @indiehalda

editoriales1

Oscar-Hernandez-Desde-la-Capital
Oscar vive con su esposa, su biblioteca musical, su perro y su gato en el sur de la ciudad más guapachosa del hemisferio occidental. Una extraña mezcla de hipster, Godinez, otaku y cargador de central de abastos, Oscar opina de casi todo, regularmente sólo para quejarse.
A Oscar le gusta el post-rock, Haruki Murakami, los atardeceres, el Boing de tamarindo y -para su desgracia- todo lo que engorda, alcoholiza o es socialmente reprobable. Pero hey, se la pasa bastante bien. Su columna habla del acontecer económico, político, social y cultural del DF visto por un moreliano de corazón.

Por Oscar Hernández

Francisco I ya está en México, después de una masiva campaña gubernamental, de medios que contaban los días y las horas para su arribo y de un cruento debate digital, el sucesor de Pedro se encuentra en nuestro país para repetir el discurso conciliador que ha repetido lo mismo en Europa que en África y en otros países de América: sean fuertes, tengan fe, amen, no sean culeis, etecé, etecé.

México, que desde las visitas de Juan Pablo II se volvió “papafílico”, ha recibido al sumo pontífice con opiniones encontradas: por un lado el fervor religioso que le ha hecho bien y mal por partes iguales a nuestra nación (lo de decir bien fue más por compromiso, siendo sincero), y por el otro la creciente crítica a un gobierno que parece seguir empecinado en el esquema de “Al pueblo, pan y circo”

Seamos objetivos: cualquier cosa que el señor Bergoglio pueda decir lleva, gracias al anacronismo religioso, unas cuantas décadas (sino es que siglos) de atraso. Ya sea la tolerancia al homosexualismo, el derecho al aborto, la atención a las minorías indefensas, la protección al medio ambiente… lo de Francisco suena a más estrategia de marketing desesperada que a un verdadero esfuerzo modernizador en el seno del catolicismo.

Para muestra basta un botón: apenas la semana pasada monseñor Tony Anatrella dijo en una ceremonia de inducción a nuevos obispos que “Estos no estaban obligados a reportar abusos sexuales” y que “corresponde a las víctimas reportar a las autoridades”. Usted podrá decir, querido lector, que dichas palabras no salieron de la boca del simpático Panchito, pero como mayor jerarca del catolicismo no caería mal que pusiera en su lugar a tanto apologista que vive del amor a dios. Y quien lo dijo es un peso pesado dentro de la institución, ¿eh?

Usted podrá pensar que mi crítica es por el gasto en que se ha incurrido por la visita, que no podrá negar que sí hace falta en tantos y tantos otros temas pendientes, y tampoco por la desbocada expectativa de que un viejito simpático llegue, diga 2 o 3 cosas y ¡PAFF! El país ya sea otro (y mire que tengo que aplaudirle al señor de blanco que se ha echado unos discursitos filosos contra la clase política y eclesiástica nacional). Vaya, ni siquiera estoy tan en contra del criminal cierre de vías de tránsito que me hicieron pasar 1 hora en el tráfico en domingo. En domingo, caray. Mi único día de paz vial.

En lo que sí estoy en total desacuerdo es en la terquedad nacional de comprar cuentas de colores a precios tan altos. Porque si no fuera la visita de Jorge Mario Bergoglio sería que nos organizamos un mundial de fútbol, o unas olimpiadas, o lo que sea que atonte. Y así de pronto somos un México unido, hospitalario, de primer mundo… y pues no, así no es.

Algún analista que no ubico hizo un comentario exquisito sobre las masas que se arremolinaron en Ecatepec en torno al sumo pontífice “Parece que les importa más ver al Papa que escucharlo”, y esa es una verdad ineludible de la feligresía nacional: les gusta adorar santos porque ellos no se levantarán de sus nichos a decirles sus verdades y agradecerán mudos todas las mandas y sacrificios hechos en su nombre. Tan pronto suena la voz regañona la vista se hace gorda y a otra cosa mariposa.

Nuestra nula capacidad de aceptar nuestros fallos como sociedad nos tiene hoy aquí: arreglando calles y poniendo flores para dar la bienvenida a alguien que apenas las verá, sentirnos medianamente satisfechos de que las obras “se vayan a quedar para nosotros”, y así esperar al siguiente mercachifles que venga a ofrecernos una cuenta más brillante y más cara.

Y la pagaremos, y acabaremos endeudados. Y la fe, esa que mueve montañas, no moverá un dedo para para nuestras cuentas.

México, siempre fiel.

Changoonga.com no necesariamente adopta como suyos los choros publicados en ella y deja en sus respectivos autores la responsabilidad de todos los pensamientos que aquí plasman, producto de las ardillas hiperactivas que habitan en sus cabecitas. Si te gusta, ¡dale like/ rt y comparte!

¿Tienes ideas y/o algo qué decir? Manda tu texto a columnachangoonga@gmail.com

Botón volver arriba