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La culpa y su función reparadora // @Siibariita

Liz-Gómez-Despojo-De-Censuras_


Por Liz Gómez

Una conversación y análisis de nosotros con nuestro yo interno siempre será necesario para evaluar el nivel de responsabilidad que se tiene ante una situación desagradable, doliente y poco aceptable en nuestra vida, en el momento que esta platica logra tener una conclusión y una propuesta de enmienda a la situación dolorosa, se está hablando de la existencia y elaboración de una culpa sana y adecuada.

Sin embargo, cuando esta platica interna se vuelve una discusión plagada de conflicto existencial, amenazándonos y perturbando la estabilidad, la culpa pierde su función reparadora, por el contrario se vuelve hostil ante la consciencia del individuo evitando así una elaboración sana de algún duelo, algún cierre de un ciclo ya sea de carácter laboral, familiar, de pareja o de amistad, etcétera; por consiguiente, el día ordinario del individuo se convierte en caos asumiéndose sin capacidades y habilidades para solucionar cualquier circunstancia, el sujeto se paraliza en el presente con culpas del pasado sin poder planificar el futuro inmediato.

Muchas veces la consecuencia inmediata de la culpa es la incapacidad de ver que algunas de esas situaciones que perturban al individuo no dependían de él/ella, sino que desde antes que surgieran muy probablemente ya estaban fuera de su control, a causa de esta incapacidad de ver con claridad, aparece el autocastigo con el fin de “reparar” los sentimientos de culpa y atormentándose gravemente con la frase liberadora de angustia: “SI HUBIERA” y de ahí con sus respectivos complementos “si no hubiera hecho aquello…” “si hubiera hecho ejercicio”, “si le hubiera dicho que lo/la quiero”, “si hubiera tomado mi medicamento”, “si hubiese actuado diferente” e infinitos etcéteras de frases plagadas de autorecriminación.

Lamentablemente no nos han educado a crecer con preguntas reparadoras, donde exista un ¿para qué lo hice? Lo que nos llevaría a responder con frases llenas de conciencia y análisis de la parte más inconsciente que nos invade, “lo hice para identificar si me gustaba lo que encontraría”, “lo realice para conocerlo/la más, aunque la respuesta no fuera a mi gusto” “lo que sucedió me ayudo a…” “lo que paso me ayudó a darme cuenta de que no quiero volver a hacer esto…”  sin duda, responder a esto implica mayor proceso de pensamiento y juicio de la realidad.

Trabajar para ser objetivo en la conciencia en gran medida implica dolor, pues habla de compartir la responsabilidad y asumir LA PARTE QUE TE TOCA más no JUSTIFICAR la actitud del otro para culparte en su totalidad sin darle la oportunidad de que se responsabilice, y a su vez también trabaje en su conciencia, quitarle su participación ante una situación conflictiva implica agresión al otro desde tu parte más pasiva, porque al justificarlo/la asumes que el otro no es capaz de pensar y ser responsable.

Otro escenario con dolor desgarrador y no reparador, es sabiendo que aun cuando te sientes culpable con la construcción de tus “hubiera” no te es suficiente y agregas a tu circulo inmediato personas que cultivan esta frase castigadora, ayudándote con sus frases de “tu tuviste toda la culpa” “para qué te cruzaste en su camino” “tú eres la única/o que le hiciste daño”, además agrégale que se alejan de tu vida y en el menor de los casos te evitan la palabra, ¡vaya solución arcaica ante el conflicto!

Recordemos que duele lo que se pierde desde una cuestión física hasta una situación simbólica, duele la fantasía de las expectativas puestas en el otro, aquello que YO planee y no se logró, es decir, duele la construcción de tus ideales no llevados a cabo con ese otro o en ese momento esperado, esto implica que no siempre sentimos culpa desde la realidad sino que es provocada desde el pensamiento imaginario. Gracias a la culpa surge la perdida de interés por el mundo exterior, pérdida de la capacidad de amar, inhibición de la productividad, entre otros, es decir, se quiere cumplir el objetivo de autodestrucción gracias a la incapacidad que tienes para la solución y aceptación congruente y compartida de la responsabilidad.

Entendamos que en NINGUNA relación humana reina solamente el amor, pues se necesita de su dualidad: el odio, para poder crecer y reconocernos en carencias y estas elaborarlas para avanzar más no para paralizarse, no permitamos que el odio se transforme en culpa, sino darle el uso y análisis adecuado para aprender y crecer.

Es importante que ante una situación de culpa busques desahogarte con una persona que sea objetiva y sea de tu confianza para que no te llene de más culpa sino que haga que observes con claridad el contexto en el que te encuentras, identifica tus limitaciones como persona eso ayudará a saber si realmente es tu responsabilidad, si te enfocas en la culpa no funcionará tu estabilidad, por lo que es importante que busques soluciones para el conflicto que tienes con la/las persona involucrada/s y corregir el error si descubres que es tuyo, finalmente busca ayuda profesional en especial si la culpa no te permite continuar en tu vida diaria.

No dejemos que los deseos y fantasías más hostiles se lleven al acto saboteando tu crecimiento emocional, comprendamos que el rol de víctima atraerá dependencia, estancamiento y lástima, características que distan de la dignidad del ser humano.

Nos vemos pronto con más palabras democráticas para el placer y la conciencia.

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