México: Esa película mala // By @indiehalda
Por Oscar Hernández
A Oscar le gusta el post-rock, Haruki Murakami, los atardeceres, el Boing de tamarindo y -para su desgracia- todo lo que engorda, alcoholiza o es socialmente reprobable. Pero hey, se la pasa bastante bien. Su columna habla del acontecer económico, político, social y cultural del DF visto por un moreliano de corazón.
-Hubiéramos comprado los boletos por internet, va a estar a reventar el cine- así comenzaba mi esposa el reto de estacionar el coche, comprar boletos, algún snack groseramente caro y llegar a tiempo en jueves de estreno para ser parte del lanzamiento de la multicitada “La dictadura perfecta”, el último largometraje del polémico dueto Luis Estrada-Damián Alcázar.
Tomé asiento repleto de escepticismo y palomitas (mi irreversible glotonería) sobre lo que estaba a punto de ver. Si bien la producción cinematográfica nacional nos ha regalado algunas joyas en los últimos años, es cierto que aún debemos tragarnos uno que otro bodrio, pasándonoslo con refresco de máquina.
Y arranca la película, de inmediato los lugares comunes que le encantan a Estrada: los muy malos, los muy buenos, la risa fácil obtenida a través de la grosería exacerbada, la puntada simplona, el cliché recalcitrante. Y aparece el omnipresente Alcázar, que al parecer cada vez le cuesta más trabajo hacer papeles de mexicano. Quizá es que ya no los disfruta tanto, después de hacer los mismos papeles todo este tiempo.
“La dictadura perfecta” busca pintarnos un país en el que todo sin excepción está mal: donde todo mundo ve novelas y el noticiero prime-time, todo mundo es fácilmente acarreado y comprado y donde la “nobleza” del antihéroe se ve empañada por un pasado turbio. No hay redención, no hay alternativa: todo se va al carajo de forma irremediable.
El ritmo de los trabajos previos de Estrada vuelve a hacerse presente: la risa da paso al drama, a las acciones excesivas, la muerte burda y el conflicto moral. A los 15 minutos ya tienes una idea clara de cómo va a terminar todo, y así caes en cuenta a la mitad de tu hotdog que el Sr. Estrada va camino a convertirse en el Maná de la cinematografía nacional: séptimo arte y pan con lo mismo.
¿Qué nos atrae de una película que radiografía la cotidianeidad mexicana, por muy mala que esta sea? Nos gusta reírnos de la desgracia, así de fácil. Y qué mejor si la risa puede ser colectiva, sentado cómodamente. Muchos dicen que estos ejercicios deben hacernos reflexionar. Ja! Cómo si 100 minutos nos convirtieran de súbito en personas informadas de lo que pasa a nuestro alrededor.
Es triste ver que otros proyectos nacionales de una mucho mejor manufactura no obtienen la atención que las entregas del Sr. Estrada. Historias originales y actuaciones memorables son ninguneadas frente a filmes que se sostienen de la controversia y nada más. Al final aquello que la dupla critica se convierte en su modus operandi: el acaparamiento.
Nos hemos vuelto predecibles como sociedad. Toleramos la corrupción, la muerte, la insignificancia, y nos terapeamos cada tanto con una dosis de exacerbación de nuestros propios vicios, convertida en una película más bien mala, como todo aquello que nos pasa.
No busco dar una crítica de “La dictadura perfecta” sino del producto que nos venden cada tanto: la controversia fácil, la crítica sardónica, un cuadro que de crudo parece poco creíble. Esa es la forma de trabajar del director pero ¿tendremos que tragarnos esa hiel cada que al señor le apetezca, cada que haya algo que deba ser señalado?
Vaya y véala. Pronto caerá en razón que este filme, igual que “La Ley de Herodes” o “El Infierno” son parte de una filmografía que, además de satirizar los defectos del mexicano, parece valerse de lo malo que representamos para hacer dinero. Porque de consciencia, nada. Al menos esa no va a venir de ver a Damián Alcázar usar la palabra puto en tantas formas que da flojera.
El reduccionismo de las películas de Estrada alcanza su culmen de aburrimiento con “La dictadura perfecta” porque pinta un México que sabe a dónde va y no hace nada para cambiarlo. Y por muy negativo que me he vuelto, me niego a pensar que somos sólo eso.
Eso sí, el Icee de grosella es un poema. Lo mejor de mi noche.
columnachangoonga@gmail.com
Facebook.com/ColumnaChangoonga
Changoonga.com no necesariamente adopta como suyos los choros, chorizos, morongas y chistorras publicados en ella y deja en sus respectivos padres (autores) la responsabilidad de todas las barrabasadas y debrayes que aquí plasman, producto de las ardillas hiperactivas que habitan en sus macetas. Si te gusta, ¡dale like/ rt y comparte!