
STAFF/@michangoonga
Hoy se cumplen 18 años desde que la UNESCO designó al Santuario de la Mariposa Monarca como Patrimonio de la Humanidad. Cada año, la Mariposa Monarca realiza uno de los viajes más impresionantes del reino animal, recorriendo miles de kilómetros desde Canadá y Estados Unidos para refugiarse en los bosques mexicanos.
Este reconocimiento no fue una coincidencia, sino el fruto de un esfuerzo humano. Detrás del reconocimiento, se encuentra la memoria de hombres y mujeres que sacrificaron sus vidas para mantener el ciclo de la mariposa. Honrar este patrimonio significa rendir homenaje a sus defensores.

Al inscribir oficialmente el santuario en su lista de patrimonio mundial, la UNESCO no solo celebra un espectáculo visual; también reconoce la importancia de un ecosistema vital para la regulación del agua y la biodiversidad de México. El estatus de Patrimonio de la Humanidad tenía como objetivo proteger un área amenazada por la tala ilegal, el uso de suelo para la agricultura comercial y la presión ejercida por el crimen organizado, razón por la cual en Michoacán, la conservación del medio ambiente ha ido convirtiéndose, en una actividad de alto riesgo.
No se puede hablar del tema sin que los nombres de Homero Gómez González y Raúl Hernández Romero salten a la conversación. A inicios de 2020, la comunidad internacional de conservación quedó en shock por el asesinato de estos dos defensores.
Al recordar el reconocimiento, el tributo más significativo para el Santuario de Michoacán no son los discursos, sino la justicia para los activistas que han perdido la vida y el apoyo de aquellos que continúan protegiendo el bosque.
